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Te dirigís hacia donde está tu familia y les contás lo que sucede. Salen todos corriendo hacia donde vos los dirigís. En un instante te das cuenta de que estás perdido. Los nervios no permiten que te guíes. Comenzás a dar vueltas, pero es inútil, no ven nada.
Pasan las horas y no los encuentran. Estás desolado, sintiéndote culpable porque el mismo chico que intentó salvarte ahora puede estar en grave peligro y nunca sabrás qué pasó.