Nada te alivia más que cuando el doctor llega y te comunica que no tenés nada y que el dolor se debe al gran golpe que te diste al caer del árbol. Por fin respiras tranquilo. Todo fue un susto que por suerte ya pasó. Luego de tu pequeño “accidente” regresas a tu casa y te prometes a vos mismo que nunca más vas a intentar trepar hasta la cima de los árboles. Sobre todo si son tan altos como el que esta en el campito de tu abuela. Pero por dentro sabés que es imposible cumplir esta promesa porque trepar a los árboles es una de las cosas que mas disfrutas hacer.