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El soldado se enoja y le dice a otros que sos el enemigo. Todos comienzan a amarrarte con sogas y te atan a un caballo. Es peor de lo que imaginabas, vas a la guerra y ni siquiera podés defenderte. Llegan al castillo, ves a unos soldados de uniformes verdosos en posición de ataque. Comienza la lucha, vos tenés un miedo terrible. El hombrecito con el que te chocaste al principio te ve y va a socorrerte. Con una navaja corta las sogas que te amarran y lográs liberarte. Te dice que te escondas en el castillo y que si ganan los Athkans, rompas el espejo que cuelga en la cúpula. Entras al castillo, está desolado. Es inmenso, lleno de muebles lujosos, escaleras y habitaciones gigantes. Subís escalera, tras escaleras, para llegar a la cúpula. Son miles de escalones. Una vez allí ves un espejo colgado en la pared. Del mismo sale un humo violeta, igual que lo que ocurrió en tu pieza. Te asomás a una ventana y ves que están luchando sin cesar los dos ejércitos. Pero te das cuenta que los Athkans están ganando la batalla. Sin más, decidís romper el espejo, tal como dijo el hombrecillo. Tomás un candelabro que está sobre un mueble de la habitación y lo tirás con toda tu fuerza sobre el espejo. Un ruido ensordecedor hace que tu cabeza esté a punto de explotar. Ves a tu alrededor, todo se desintegra, se hace polvo. Cuando querés darte cuenta, estás en tu pieza, tirado en tu cama. No hay nada, ni nadie. Mirás al espejo y nada. Estás seguro de que no fue tu imaginación, todo fue muy real. Sin embargo, nunca entenderás qué pasó.