Apenas ves a ese chico no lo podés creer. Es hermoso, pero sabés que entre vos y él nunca va a pasar nada. Si hizo lo que hizo y te ayudó es porque es sólo un buen compañero. Entonces le decís tímidamente gracias y te vas a tu lugar. El chico de tu clase te devuelve una sonrisa y vos por dentro empezás a sentir cosas que nunca antes habías sentido. La clase pasa rápido y por fin llega el primer recreo. Vos salís a recorrer el colegio y apenas ponés un pie fuera del salón lo ves de nuevo a él. Entre los dos intercambian sonrisas cómplices. Pero no te animás a hablar con él.
