No saben ni quién es, le entregan el paquete y se van. Cuando están a mitad de cuadra, sienten que los llaman a gritos. El hombre desesperado los alcanza y los zamarrea llorando y preguntando de dónde sacaron ese paquete. Le cuentan la historia y cae al piso llorando. No lo pueden contener, por lo que decidís volver a buscar el paquete y ver qué hay adentro.
Llegás a la puerta y lo ves ahí tirado. Cuando te asomás y ves, te descomponés. Es una mano. En el extremo de la muñeca, sangre coagulada. En uno de los dedos, un anillo muy particular. Vas hacia donde está el hombre llorando y le preguntás qué ocurrió. Les explica que es su socio, que se metieron en un problema grave y que alguien los está buscando. Les explica que “no les puedo contar los detalles porque de saberlo sus vidas corren peligro. Necesito que me ayuden a esconder, de lo contrario me va a pasar lo mismo”.
Llegás a la puerta y lo ves ahí tirado. Cuando te asomás y ves, te descomponés. Es una mano. En el extremo de la muñeca, sangre coagulada. En uno de los dedos, un anillo muy particular. Vas hacia donde está el hombre llorando y le preguntás qué ocurrió. Les explica que es su socio, que se metieron en un problema grave y que alguien los está buscando. Les explica que “no les puedo contar los detalles porque de saberlo sus vidas corren peligro. Necesito que me ayuden a esconder, de lo contrario me va a pasar lo mismo”.

