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El miedo no te deja dar vuelta. Corrés. No querés saber qué es aquel soplido. Ves la carpa a lo lejos y querés llegar lo antes posible. Entrás y le bajás todos los cierres que impidan el paso a intrusos. Te das cuenta de que tus amigos están dormidos. Por un lado sentís vergüenza de contarles que tenés miedo. Por el otro, podrían ayudarte a comprobar qué es eso que te asustó en el galpón. ¿Qué haces?