No te caben dudas que esto forma parte del espectáculo, nada te asusta y comenzás a reírte como un loco. Tu risa es cada vez más fuerte, a tal punto que todos se dan vuelta para mirarte. Lo que sucede es que te parece una estrategia ridícula que te agarren de ese modo solo para asustarte. Aquello que te átrapó te suelta y mirás hacia atrás, para burlarte. No hay nadie, te parece raro. Nadie puede bajarse del carrito del tren tan rápido.
El viaje duró un rato largo y cuando bajás, tu mamá te pregunta si te gustó. Haciendote el valiente, le decís que no te causó el más mínimo miedo. Sin embargo, por dentro te quedás con la duda sobre aquello que te agarró por detrás. Definitivamente nunca más subirás a un tren fantasma.
