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Llega el verano, tu familia decide ir a pasar unos días a la isla. Vos estás muy ansioso por disfrutar del sol, de la pesca y de los juegos en la arena. Cruzan el río con una lancha. Llegan a la isla, es como si estuvieran en medio de la selva. Los yuyos están altos, los árboles son inmensos y el suelo esta lleno de ramas caídas. Pensás que el ambiente es ideal para hacer un fogón a la noche.
Tu familia comienza a acomodarse y a bajar los bolsos de la lancha. Vos recorrés el lugar para buscar un buen espacio en donde poner la mesita de camping. Comienzan a clavar estacas y a levantar la carpa. Una vez listo cada uno decide hacer una actividad diferente. Algunos pescan, otros juegan a las cartas, pero vos decidís ir a dar una vuelta. Nadie se presta para acompañarte, por lo que decidís ir solo. Comenzás a caminar entre los pastos, con un poco de miedo de cruzarte con alguna víbora. A lo lejos escuchás voces que te resultan extrañas. No son los miembros de tu familia. ¿Qué hacés?