Estás tan emocionado con el juego y con que no te descubran que corrés sin pensarlo. Te lanzás a una carrera a toda velocidad por el campito del barrio de tu abuela que no te das cuenta que te alejaste demasiado. Corrés y corrés con una adrenalina propia de un juego olímpico. Corrés y corrés. Corrés y corrés. Es como si tus piernas no pudieran frenarse. El paisaje cambia, ya no es una hermosa tarde de primavera, sin darte cuenta se hizo de noche y estás en un lugar desconocido. Por fin tus piernas se cansan. Pero ya es demasiado tarde. ¿Dónde estás?