No sabés quienes son los buenos y quienes los malos. Decidis esconderte hasta que sepas qué sucede. Corrés hacia el castillo, ves una ventana abierta y decidís entrar. El ejército de los Athkans logra atravesar el fuerte y ves a lo lejos que se arma una batalla feroz. Estás dentro del castillo, todo está muy oscuro. Los muebles están cubiertos de polvo y hay un montón de telarañas. Subís por una escalera, ves que desde una de las habitaciones sale una luz. Te acercás, y ves que hay oro por todos lados. Lingotes, joyas, coronas. Te quedás helado, y ahora entendés por qué luchan todos. Entre toda esa maravilla, ves un espejo dorado. Un leve humo violeta comienza a salir del mismo. Te acercás, esta vez con miedo. Una mano sale del espejo, solo que ésta vez corrés despavorido. No hay caso, la mano te agarra y aunque intentes zafarte, no podés. Te succiona hacia dentro del espejo. Ahora estás encerrado en un cubículo muy pequeño. Una pared es de vidrio, te asomás y ves tu pieza. Te ves a vos mismo parado riéndote. Te dice “soy tu reflejo, estuve atrapado ahí durante años, ahora es tu turno”. Entra tu mamá a tu pieza y él la abraza. Gritás, intentás comunicarte con ella, pero no te escucha. Los dos se van sonriendo. Ahora estás solo, sin poder hacer nada, del otro lado del espejo.
