El callejón está muy oscuro y te da un poco de miedo, pero no podés dejar al hombre así tirado. Le preguntás qué le pasa, pareciera que quiere decirte algo, pero sigue balbuceando, no entendés qué quiere decirte. Casi ni puede moverse, pero con mucho esfuerzo levanta su brazo y te tiende la mano. Cuando se la agarrás, sentís como si la palma tuviera algo con relieve. La mirás, y la tiene toda cortada. Los cortes dibujan signos rarísimos. Como dibujados con un cuchillo dejando marcas en carne viva. Cuando querés avivarte, te das cuenta de que el hombre ya no respira. Él está ahí, tendido en el suelo, sin vida y vos sin saber qué hacer.

