En ese momento de desesperación no lo pensás un segundo y nadas hacia donde está tu amigo. Cuando llegás te hundís para alcanzarlo y lo tomás de los brazos. Pero la rejilla comienza a succionarte a vos también. Ambos desesperados se hunden cada vez más. Sienten que no aguantan un segundo más sin respirar, les duele el pecho, los brazos y las piernas. Ya no hay nada que puedan hacer, dejan de luchar. De repente no sentís más nada.
Te despertás de golpe, estás tirado en el borde de la pileta rodeado de gente. El guardavidas te explica que vio la situación y los rescató. Tu amigo se encuentra bien. Siguen disfrutando del día de camping, pero ya ninguno tiene las agallas de tirarse a la pile.
