-->
No querés hacer ningún movimiento brusco para no enfurecer al bicho. Tomás una rama del suelo, intentás correrla suavemente, pero cada vez te aprieta más el pie. Ya se te está subiendo a la pierna. Tu corazón late fuertemente, estás atrapado. Decidís contar hasta tres y dar una patada al aire para que la víbora se desprenda de golpe. Uno, dos… ¡tres!. ¿Qué pasó?