Lo dejás que se quede. Sabés que no le va a hacer daño a nadie. Te vas a jugar con los chicos. Cuando termina el partido ven que el perro está en la puerta del vestuario. Enseguida escuchás a tus amigos reirse a carcajadas. Entrás para ver que pasa y te das cuenta que el perro te mordió toda la mochila. Salís nuevamente para retarlo pero ya no está. Corrés hacia la calle y tampoco está. Buscás por todo el club pero no aparece. Te vas a tu casa creyendo que lo vas a encontrar en el camino, pero no es así. Pasan los días y nunca más lo volvés a ver.