Sabés que no podés llevarlos a tu casa. Tu mamá no te dejaría tener tantos perros. Así que retomas el camino hacia el club. Al llegar corrés hasta donde están los chicos y les contás lo que pasó. Les mostrás los cachorros, pero no saben qué hacer con ellos. Se te ocurre que a lo mejor Juan, el cuidador, los deja que se queden en el club. Vas y le preguntás. Enseguida te dice que sí. Les ponen unas toallas en el viejo vestuario y los acomodan allí. La perrita se acerca y se acuesta al lado de ellos. Pero ya es tarde y tienen que jugar el partido. Van a la cancha y el perro los acompaña. Por primera vez en el año le ganan a los chicos del otro curso y por goleada. Parece que el perro les trajo suerte así que lo convierten en la mascota del equipo. Él y sus cachorros te acompañarán en cada partido.